NOMADLAND, DE CHLOÉ ZHAO

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Foto JCG

Fern departe con sus compañeros de trabajo en una bodega de Amazon y uno de ellos le muestra sus tatuajes del brazo derecho. Escrita en tinta está la letra de canciones de Morrissey y una de ellas es Home Is a Question Mark. En ese antebrazo dice –en inglés- “Hogar, ¿es solo una palabra? ¿O es algo que llevas contigo?”. Esa frase resume a Nomadland (2020), el tercer largometraje de Chloé Zhao, y que fue ganador del León de Oro en el Festival de Cine de Venecia: el hogar no es un sitio, el hogar no son cuatro paredes y un techo. El hogar implica un estado de bienestar del ser, en comunión con sus semejantes. En una escena posterior, Fern (interpretada por Frances McDormand) se encuentra con una antigua vecina en un almacén. La hija de la mujer la pregunta si ella no tiene hogar (si es homeless) y ella le responde que realmente “solo no tengo casa” (I’m just houseless). Fern lo tiene claro.

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Nomadland (2020)

Pero Fern también tuvo una casa, y un marido –Bo-, y un trabajo como maestra sustituta. Todo eso quedaba en Empire, Nevada, un pueblo creado alrededor de la empresa de aglomerados de yeso US Gypsum. En 2011 la planta cerró y meses después el pueblo desapareció. Viuda, sin hijos, sin empleo y con más de 60 años, Fern consiguió una Van, la bautizó Vanguard, la convirtió en una pequeña casa rodante, se llevó sus enseres más queridos y se marchó –quizá impulsada paradójicamente por el aturdimiento emocional- a buscar fortuna por las carreteras de Estados Unidos, uniéndose a la tribu nómada que recorre el país haciéndose a los empleos temporales que aparezcan.

Nomadland (2020)

Todos son víctimas de la recesión de 2008 y la mayoría son contemporáneos a Fern o mayores que ella. Las hipotecas engulleron sus casas, ellos se quedaron sin pensión o no les alcanza con lo que reciben, no logran acceder a créditos bancarios y no consiguen un empleo formal: no les queda más remedio que conseguir una furgoneta o un carro casa e ir de aquí para allá trabajando precariamente en lo que resulte, como si fueran campesinos que van de cosecha en cosecha y de región en región según los diversos meses del año.

El guion escrito por la propia Chloé Zhao se inspiró en el libro Nomadland: Surviving America in the Twenty-First Century publicado por Jessica Bruder en 2017 y que explora este fenómeno social. Varios de los personajes del libro –seres humanos reales- se interpretan a sí mismos en la película y su testimonio en primera persona confiere al filme un carácter hibrido entre el documental y la ficción, pues además de Frances McDormand el único otro actor es David Strathairn (en el papel de Dave, un nómada que es un posible interés romántico para Fern). Dos de esos personajes, Linda May y Swankie, son nómadas auténticas, un par de mujeres muy mayores que tomaron esa decisión por muchas razones y que ahora asumen ese riguroso estilo de vida con todo lo que eso implica. Linda May invita a Fern a una especie de convención, la “Rubber Tramp Rendezvous”, organizada cada enero en Arizona por el gurú del nomadismo, el activista Bob Wells, que también tiene la oportunidad de expresar su credo en el filme.

Nomadland (2020)

Es Bob quien en una de las escenas finales de Nomadland le expresa a Fern algo que se hace evidente al ver la película. “Una de las cosas que más amo de esta vida es que no hay un adiós definitivo. Sabes, he conocido a cientos de personas aquí y nunca me despido por última vez. Siempre digo: «Nos veremos en el camino». Y lo hago. Puede ser un mes, un año o a veces años, pero los veo de nuevo”, le dice. Estas personas se viven encontrando en diferentes lugares, como si se tratara de citas previamente acordadas, pero que corresponden a la dinámica laboral tan volátil a la que se acogen. Pese a que parecen lobos solitarios, siempre hay en ellos un espíritu solidario, forman una comunidad alrededor de sus carencias, se cuidan, comparten con los demás lo que tienen o lo que han aprendido para sobrevivir. Constituyen una resistencia pasiva a la adversidad en la que han florecido unos valores humanos que en la abundancia escasean.

Es fácil caer en el romanticismo de ensalzar ese estilo de vida –los crepúsculos filmados por la cámara de Joshua James Richards ayudan a ese propósito- pero la película nos recuerda que esas personas padecen frío, hambre, soledad, incomodidades, enfermedades y una muy endeble situación económica. No hay que hacer un manifiesto político explicito para denunciar qué fue lo que los llevó a este punto. Los trabajos a los que se vinculan son siempre de oficios generales, de limpieza, aseo, empaque de productos, labores agrícolas y poco más que eso. Y nunca están el tiempo suficiente como para obtener un ascenso, si acaso eso fuera posible, dado que sus trabajos son para cubrir vacantes temporales. No solo está en su espíritu el ir de un sitio a otro, las circunstancias los obligan a eso.

Nomadland (2020)

Están siempre yéndose, y en el caso de Fern, parece estar huyendo de lo que ella fue para reinventarse, para volver a ser a partir de la nada a la que quedó reducida. No tiene nada, pero tampoco se tiene lástima. Bueno, en realidad sí tiene algo: en una escena le dice a Bob Wells: “Mi papá solía decir, «¿Qué se recuerda? Las vidas». Quizás pasé gran parte de mi vida simplemente recordando”. Esas vidas –su familia, sus amores- que recuerda constituyen ese hogar que vive en ella y que nunca la abandona. Pocas actrices tan aptas para este rol como lo es Frances McDormand, la menos glamurosa de las estrellas de esta industria, una mujer capaz de fundirse con los personajes reales del filme y no intimidarlos con su presencia. Ella se vuelve uno de ellos, les da la confianza para que se expresen frente a la cámara sin necesidad de que a toda estén pensando que ella no pertenece a ese mundo que la película retrata. Ella a su profesionalismo sumó la autenticidad que Nomadland requería.

Nomadland (2020)

Obviamente este filme es una road movie. Los agrestes paisajes de Nevada, Arizona y Dakota del Sur desfilan por la pantalla, pero el viaje de Fern y de muchos nómadas termina por ser circular, por volver sobre los primeros pasos. La directora Chloé Zhao escribió para el Festival de Venecia un texto, a manera de presentación de su filme, en el que recuerda que durante el rodaje echó una ojeada al libro Desert Solitaire de Edward Abbey y que ahí encontró esta cita: “Los hombres van y vienen, las ciudades surgen y caen, civilizaciones enteras aparecen y desaparecen; la tierra permanece, ligeramente modificada. La tierra permanece, y la belleza rompecorazones donde no hay corazones que romper … A veces elijo pensar, sin duda perversamente, que el hombre es un sueño, el pensamiento una ilusión, y solo la roca es real. Roca y sol” (1). Fern fue y volvió. Lo que dejó inicialmente seguía igual, cubierto ahora por el polvo. Ella no.

©Todos los textos de www.tiempodecine.co son de la autoría de Juan Carlos González A.    –  Instagram: @tiempodecine

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