Tener una voz propia: CODA: Señales del corazón, de Siân Heder

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Por: Juan Carlos González A.

Era casi imposible hacer fracasar un remake de una película como La familia Bélier (La famille Bélier, 2014) y por fortuna eso no ocurrió con CODA: Señales del corazón (CODA, 2021), la “americanización” de los Bélier, adaptada y dirigida por la realizadora norteamericana Siân Heder, que logra conservar lo mejor de la versión original francesa, respetando un producto de probado éxito. La palabra CODA es un acrónimo de “Child of Deaf Adults”, hijos de adultos sordos, y se refiere a los hijos con capacidades auditivas normales en medio de una familia sorda, lo cual genera en esa descendencia el compromiso tácito de ser los traductores e intérpretes de los demás miembros de la familia, incapacitados para escuchar y para expresarse en un lenguaje diferente al de las señas, que no es de universal comprensión para quien no tiene esa condición congénita o adquirida.

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Lo particular del relato es que a la hija “normal” de la familia -en la que todos se dedican a la pesca- tiene talento para cantar, un don que ninguno de sus familiares directos puede disfrutar ni entender. En esta versión, la joven se llama Ruby Rossi (la inglesa Emilia Jones) y en la secundaria a la que asiste (y en la que sufre bullying por su excéntrica familia) se mete al coro colegial para encontrar allí a un profesor de origen mexicano (interpretado con singular gracia por Eugenio Derbez), que descubre en ella unas dotes musicales que ameritan ser cultivadas y llevadas a un nivel universitario, lo que implicaría para Ruby dejar a su familia de pescadores, que precisamente ha emprendido una aventura comercial de riesgo que implica un mayor apoyo de parte de Ruby como conectora con el mundo de los que escuchan.

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Si la codependencia entre una familia y los hijos suele hacer crisis al momento en que ellos “abandonan el nido” para tomar su propio camino académico o laboral, pues en este caso el drama tiene un nivel todavía más complejo, considerando lo que Ruby significa para ellos en términos de intérprete. ¿Sacrificar sus sueños para ayudar permanentemente a su familia? ¿Perseguir su desarrollo personal sin importarle lo que pase con sus padres y su hermano mayor? Ese es el dilema de una joven protagonista confundida frente a su deber como hija versus su anhelo de convertirse en cantante.

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CODA: Señales del corazón es el tipo de películas hechas para conmover. Responde a una fórmula comercial probada y, como tal, impermeable a las críticas. Este es un filme ante el que es imposible no rendirse como espectador, pues está construido sobre unos elementos dramáticos infalibles (el carisma y la voz de Ruby, la buena química de Marlee Matlin y Troy Kotsur como sus padres, la sincera simpatía de Derbez, el romance adolescente que va a surgir entre Ruby y uno de sus compañeros del coro, la excelente banda sonora, las conversaciones graciosas de índole sexual), que no por ser ya conocidos y vistos en otros filmes dejan de ser efectivos aquí. El mérito de la directora y guionista Siân Heder fue ser honesta con el material que encontró y saber adaptarlo con sensibilidad y buen tino. La película resultante no es una bofetada para La familia Bélier, es una constatación en otro idioma de sus grandes virtudes.

Ruby tiene ante sí una decisión enorme ante sí. No es fácil tomarla. Pero siempre ha sido consciente de tener una voz propia. Una que le sirve para representar a sus padres, para protestar en nombre de ellos, para defenderlos. Pero también para cantar y desde ahí hacer volar su espíritu. Esa misma voz va a decirle lo que debe hacer.

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